A los Secretariados, les compete ser custodios de la identidad y atender a la promoción, desarrollo y orientación de Cursillos en las realidades diocesanas o nacionales.
Los Secretariados son los organismos específicos, cuyos integrantes -sacerdotes y laicos- presentados por la comunidad cursillista, son escogidos por la jerarquía para orientar, coordinar, impulsar y servir al Movimiento, en una diócesis o país para procurar una eficaz inserción en la vida y en la acción pastoral de la Iglesia, desde lo específico de la identidad del Movimiento.
La existencia y funcionamiento de los Secretariados responden a las exigencias de: guardar la unidad dentro del método determinado, que contiene las normas, los criterios, los objetivos y las actividades, que lo definen y caracterizan; conservar la unidad dinámica del Movimiento que, como elemento e instrumento de la Pastoral, tiene que ser encauzado e impulsado; salvaguardar su contenido doctrinal, y mantener una organización adecuada que, junto con la distribución de funciones y tareas, le permita la ordenación y coordinación de los recursos humanos con los que cuenta, para que el crecimiento del Movimiento sea un crecimiento orgánico.
Los Secretariados tienen como objetivo primero e ineludible el conservar, desarrollar, actualizar y vigorizar la mentalidad, finalidad y núcleo básico metodológico, que definen y caracterizan al Movimiento como un movimiento eclesial.
Las siguientes son algunas de las funciones que corresponden al Secretariado Diocesano, para promover y servir al Movimiento, a fin de que éste cumpla con su finalidad:
1. Ser custodio de la identidad, recibiendo, por su vinculación con el Secretariado Nacional, garantía de que su orientación se conforma a la autenticidad de su mentalidad, finalidad y método.
2. Velar por el recto funcionamiento de la Escuela, en sus diversas vertientes, procurando y posibilitando los medios necesarios para que ésta cumpla con su cometido.
3. Delegar en ella (la Escuela) un máximo de tareas, de cara a una adecuada y completa utilización de los medios y recursos, pero, a la vez, como camino para la capacitación, promoción y formación de dirigentes.
4. Realizar un permanente y adecuado estudio de los ambientes de la diócesis, los criterios y juicios que en ellos prevalecen y los hombres-vértebras de los mismos, para que el Precursillo responda a las necesidades pastorales.
5. Programar y realizar, solamente, aquellos Cursillos cuyos participantes puedan ser atendidos en el Poscursillo.
6. Seleccionar como candidatos a participar de los Cursillos a los que poseen condiciones (aptitudes y actitudes) que caracterizan a los agentes de cambio en los ambientes y estructuras y son -o pueden ser- protagonistas en la promoción y desarrollo de la persona humana.
7. Designar el equipo dirigente de cada Cursillo, seleccionando a aquellos que se encuentren preparados espiritual, técnica y metodológicamente, y estén activos en la Escuela y en la Ultreya.
8. Velar para que los integrantes de los equipos de Cursillos sean testimonios vivos de que su proceso de conversión, su inserción en la Pastoral de la Iglesia y su compromiso apostólico en el mundo, viene posibilitado por su vivencia comunitaria en un grupo o núcleo cristiano.
9. Procurar que el equipo de dirigentes de cada Cursillo asuma la responsabilidad de continuar en contacto con los participantes del mismo, promoviendo en ellos la ilusión por la Ultreya y por la integración en un grupo, núcleo o comunidad eclesial.
10. Mantener contacto permanente con el Secretariado Nacional, contribuyendo a la unidad del Movimiento en el país, aceptando las orientaciones que imparta, utilizando sus servicios y ayudando, en la medida de sus posibilidades, a su sostenimiento material.
11. Hacer realidad el espíritu de comunión y participación, con una presencia activa, en los encuentros, asambleas, convivencias y otras reuniones que organice y promueva el Secretariado Nacional, aportando en ellos las experiencias de vida de sus estructuras operacionales y los criterios de sus dirigentes más experimentados; y
12. Colaborar -en el marco de la Pastoral de Conjunto- con los demás movimientos y asociaciones de la Iglesia, haciendo que ellos conozcan la finalidad y la estrategia de Cursillos y lo que éste puede aportar para el enriquecimiento de la acción eclesial diocesana y para que, a la vez, la Escuela y la Ultreya conozcan los múltiples campos de posibles realizaciones apostólicas que puedan presentar a quienes vivan la experiencia de un Cursillo, de cara a ayudar a descubrir y realizar sus vocaciones personales.